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lunes, 19 de enero de 2015

Discursos lejanos

Excélsior, 19 de enero de 2015

Hoy el país vive en un momento de enorme preocupación. Hay una percepción de que las cosas están mal, y que pueden empeorar todavía más en los próximos meses. Por alguna razón, la esperanza de un mañana mejor se rompió y en su lugar tenemos una percepción de malestar y de pesimismo frente a todo. 

En ese contexto ha iniciado una nueva campaña de propaganda política que, en lugar de reconocer tales circunstancias, está orientada a la denostación y los mensajes frívolos que no tienen más propósito que posicionar imágenes vacuas de personajes de los que poco o nada sabemos.

Los consultores en comunicación siguen apostando por los mensajes que apelan a lo emotivo y diseñan campañas y estrategias sustentadas fundamentalmente en la denostación y el desprestigio de los otros, abonando con ello al clima de polarización y desencanto nacional. Ni hablar de las propuestas legislativas o de las plataformas de gobierno que se ofrecen en las entidades en que se renovarán las titularidades de los Ejecutivos estatales.

Estamos ante la fractura de la capacidad de construir propuestas que le permitan a la ciudadanía comprender el momento de complejidad y urgencia por el que atravesamos, llegando al absurdo de partidos que sostienen que no están integrados por políticos, como si el ejercicio de la política fuese sinónimo exclusivo de transa, corrupción e ineficacia.

En este contexto, el Gobierno de la República y los gobiernos estatales se encuentran ante el reto de construir campañas de comunicación social y de lo social verdaderamente democráticas y democratizadoras de la vida pública. Desde esta perspectiva, urge una revisión profunda del tono y contenido del discurso de la propaganda gubernamental, para transitar a una lógica de mensaje que promueva los mejores valores democráticos, así como la idea de que el país sí puede transformarse.

Debe comprenderse que la difusión de los logros de gobierno no se traduce automática ni necesariamente en respaldo ciudadano; y que en sentido estricto, de lo que se trata es de utilizar los recursos públicos para generar capacidades ciudadanas para el ejercicio de los derechos humanos y el acceso efectivo a la oferta pública de bienes y servicios sociales.

Sin duda es necesaria la imagen de un gobierno activo, pero lograrla será muy difícil si los mensajes propagandísticos están centrados sólo en el anuncio de obras construidas o por construirse. Por el contrario, la imagen de un gobierno eficaz, en todos los órdenes y niveles, exige una renovada capacidad de comunicar para acercar a la ciudadanía información útil sobre cómo vivir mejor, a través de campañas dirigidas a la promoción de hábitos deseables de vida, así como para la convivencia civilizada y solidaria.

El esfuerzo debe orientarse a recobrar la capacidad de que la gente pueda imaginarse un país más justo, más equitativo e incluyente y ello exige una lógica comunicativa distinta, y la cual, no es exagerado decirlo en ese tono, permita recobrar la ilusión de un país de bienestar y leyes.

La credibilidad de los partidos políticos se encuentra por los suelos y en nada ayudan campañas electorales en las que predomina la lógica del slogan, pero no de una nueva cultura democrática y de una convicción generalizada de que lo deseable es vivir con base en la paz, la solidaridad y la equidad para todos.

@ML_fuentes