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lunes, 16 de septiembre de 2013

Un nuevo federalismo social


Estamos ante la urgencia de construir una nueva lógica federalista que nos lleve a la consolidación de una nación cohesionada. Nuestra Constitución establece que el municipio libre es la base fundamental de nuestra organización política; adicionalmente, encuentra en los 31 estados y en el Distrito Federal el sustento y la vocación de una república federal, cuyo pacto fundacional tuvo como propósito construir una nación unida y cohesionada en torno a un proyecto de bienestar e inclusión. Los Sentimientos de la Nación, documento escrito hace 200 años por el generalísimo José María Morelos y Pavón, sintetiza el espíritu de solidaridad y el anhelo de justicia social que estuvo en el centro de la convocatoria y realización del primer Congreso Constituyente de nuestro país. Desde entonces y hasta ahora, hemos enfrentado el dilema sobre cómo construir un modelo de organización política, hacendario y fiscal, que le dé sentido y orden a un proyecto compartido en todo el territorio nacional, orientado hacia la construcción de un permanente Estado de bienestar. En el marco del debate histórico que se ha dado en esta materia, en la década de los 80 del siglo pasado inició una discusión basada en la noción del desarrollo regional, desde la cual se planteó por primera vez que a las políticas universales que se habían desarrollado a lo largo del siglo XX había que adicionarles una nueva generación de políticas de descentralización, con el propósito de equilibrar los territorios, y de impulsar las vocaciones y capacidades locales. Lo anterior llevó, asumiendo que las entidades y los municipios podrían ser las mejores instancias para la prestación de servicios públicos —principalmente en los ámbitos de la salud y la educación—, a la implementación de una estrategia de descentralización y desconcentración, que a todas luces resultó incompleta. El resultado, luego de 20 años de experiencia, no deja de ser paradójico, pues según la Auditoría Superior de la Federación y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social, hoy los municipios y los estados de la República no cuentan con estructuras institucionales consolidadas; sus sistemas financieros son sumamente frágiles, mientras que sus capacidades y recursos para cumplir con el mandato que les impone la Constitución se encuentran completamente desbordadas. Sin duda alguna, lo que hoy hace falta discutir con mayor profundidad y seriedad es cuáles son las facultades y capacidades que deben recentralizarse con el propósito de poner orden a la fragmentada república social que hoy tenemos, pero también cuáles son las facultades y recursos que deberían descentralizarse y desconcentrarse, dada la acreditada capacidad y eficacia de entidades y municipios en el manejo de ciertas agendas. Lo anterior es de suma relevancia, porque debemos ser capaces de comprender que la República será tan fuerte como lo sea cada una de sus partes; que no podemos continuar siendo un país dividido y fragmentado y que tampoco puede continuar permitiéndose que anualmente sigan desperdiciándose miles de millones de pesos, porque no hemos sido capaces de consolidar un modelo de desarrollo efectivamente federalista. Estamos ante la urgencia de construir una nueva lógica federalista que nos lleve a la consolidación de una nación cohesionada, y desde la cual pueda impulsarse una renovada estrategia de fortalecimiento municipal y estatal, en aras de convertirnos, con el ritmo y velocidad necesarios, en la nación incluyente y capaz de garantizar, para todas y todos, el conjunto de prerrogativas y garantías contenidas en nuestra Constitución.