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lunes, 7 de abril de 2008

Comienza el calor

Mario Luis Fuentes
Lunes 7 de abril de 2008

En distintas obras, tanto en la literatura como el cine, el tema del calor es abordado desde la perspectiva de sus consecuencias y sus efectos en la vida comunitaria y social. Spike Lee relaciona el inicio de un verano infernal con la violencia, el caos y la ruptura de la cohesión social en el Bronx. Camus, en su clásica novela El extranjero, desata toda una trama a partir de un asesinato cometido simplemente “porque hacía calor”. Golding, en El señor de las moscas, crea atmósferas asociadas al clima en una alejada isla y, como éstos, hay un sinnúmero de ejemplos que pueden citarse.

Se ha emitido la alerta de que este abril será el más caluroso en los últimos 10 años y, de mantenerse la tendencia actual, será el más de los últimos 100 años. En el sureste y el norte, los termómetros han marcado ya, en las zonas más extremas, temperaturas alrededor de los 40º C y se espera que en el verano se alcance la histórica registrada en Baja California: 56º en el día más caluroso del año.

El análisis del clima en lo social va más allá de las ya advertidas consecuencias funestas del cambio climático y el calentamiento global. Está relacionado no sólo con la pérdida de áreas boscosas o glaciares, sino con la vida rural cotidiana, en donde el daño a las cosechas y a la economía de autoconsumo puede poner al borde de la hambruna a varias localidades, sobre todo las más pequeñas, es decir, aquellas que tienen menos de 100 habitantes y suman más de 120 mil en todo el territorio nacional.

El calor que ya ha comenzado puede generar una temporada de estiaje severa, con las consecuentes afectaciones, no sólo a la agricultura, sino a la ganadería, la pesca y la acuicultura que incipientemente se desarrolla en esteros y presas, así como en la afectación de la salud, debido a la carencia de servicios sanitarios y de drenaje que hay en miles de localidades y ciudades pequeñas y medias en todo México.

Los incendios forestales están cerca de alcanzar más récords para el mes de abril en distintas entidades y sólo estamos en los primeros diez días del mes. Y no sólo esto, sino que, además del número de incendios, las áreas afectadas son muy extensas y amenazan con destruir una buena parte de nuestro patrimonio forestal.

En las ciudades, los daños por el calor no están relacionados sólo con la molestia que las altas temperaturas generan; a ello debe agregarse el hacinamiento en viviendas, parques y transporte público, además del impacto que una época así de calurosa tiene en la economía y en el gasto de los hogares.

En México, el consumo de agua embotellada es uno de los más altos a nivel mundial y esto se debe sobre todo a la ausencia de la calidad del agua que llega a través de las tuberías a las casas y que, por más que se argumente, no es agua que pueda consumirse directamente de las llaves. Tampoco tenemos “bebederos públicos”, como sí ocurre en otras grandes ciudades del mundo y carecemos de servicios sanitarios públicos suficientes para zonas metropolitanas como las de México, Guadalajara y Monterrey, en las que los tiempos promedio de traslado son de 30 minutos como mínimo.

Frente a estos problemas de la cotidianidad, no se han diseñado aún políticas ni programas suficientes. Es necesario que, al menos en todas las ciudades grandes y medias del país, haya puestos de hidratación gratuita en todas las plazas, parques y jardines públicos. Se requiere incrementar sustantivamente la calidad y la cantidad de espacios públicos de servicios sanitarios. Es urgente intensificar las acciones de prevención y contención de enfermedades como el dengue y el paludismo, que han comenzado a producir brotes incluso en pleno centro del país.

La cohesión social se construye con base en una política social para la inclusión y ésta sólo es posible cuando las poblaciones tienen garantías mínimas de contar con servicios sociales básicos, para enfrentar la cotidianidad de dilemas y problemas, que realmente son de una gravedad mayor y pueden poner en peligro la salud y la vida de las personas.
En Europa y en Estados Unidos ha habido en los años recientes temporadas de calor que han generado la muerte de cientos de personas, por el llamado efecto del “golpe de calor”. México no está exento de este riesgo, menos aún si consideramos las extensas regiones de desierto, semidesierto, selva y aun climas tropicales con que contamos.

Pensar en el calor y sus efectos en lo social es importante y se trata de una de las agendas que deberán considerarse en éste y en los meses que vienen, en aras de evitar que la irritación social, el malestar colectivo y los daños a la salud que genera comúnmente el calor, lastimen aún más el ya de por sí deteriorado tejido social de nuestro país.