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miércoles, 15 de octubre de 2008

Crecimiento cero

13 de octubre de 2008
La proyección que se hizo para este año en el sentido de que veríamos por primera vez en mucho tiempo la generación de 800 mil empleos se ha esfumado y se ha reducido dramáticamente a una suma de sólo 300 mil. El peso se ha devaluado una vez más frente al dólar y las perspectivas de la crisis mundial no permiten asumir miradas optimistas.
En ese sentido, aun con las acciones emergentes que se han anunciado para enfrentar la crisis el crecimiento esperado en algunos sectores de la economía nacional en 2009 es de 0% y hacen pensar que en el año que viene se crearán, en el mejor escenario, otros 300 mil empleos permanentes.
Un ejercicio aritmético básico permite prever que en sólo dos años estaremos sumando cundo menos 1.4 millones de desempleados que se adicionarán a los ya millones que no cuentan con empleos formales y cada vez más engrosan las filas de la economía informal, y otros que incluso pueden verse tentados a sumarse a actividades delictivas.
Quizá lo más grave de estas cifras es que en esta nueva crisis global no contaremos con la “válvula de escape” de la migración y su correlato en el envío masivo de remesas, a través de la cual, en los últimos siete años, cerca de 500 mil mexicanos salían hacia Estados Unidos a emplearse en los sectores de la construcción y en la agricultura, que son precisamente dos de los más afectados por la crisis que se vive en aquel país.
Frente a ello, la economía real no cuenta con la infraestructura suficiente para crecer o reconvertirse de manera acelerada y enfrentar los difíciles años que están por venir, más aún cuando, en las condiciones en las que estamos, las áreas de mayor capacidad de crecimiento económico están en el sector del conocimiento, las cuales requieren de altas dosis de valor agregado, lo que exige de manera previa capacidades educativas, científicas y tecnológicas que hoy estamos muy lejos de tener.
Esta crisis económica, sin embargo, no viene sola, está acompañada de una severa crisis de las identidades, de la que las nuevas generaciones están siendo las principales víctimas: ¿con qué nación puede identificarse, por ejemplo, que 70% de los jóvenes de 18 a 24 años no van a la escuela? ¿Con qué país pueden ser solidarios los más de 50 mil jóvenes de 14 a 17 años que cada año han emigrado en la presente década hacia Estados Unidos?
Estas preguntas debemos plantearlas para tratar de generar alternativas de desarrollo que volteen la mirada hacia lo que nunca debimos dejar de mirar, que es la economía interna y que la que, en todos los casos, permite sortear de mejor manera cualquier crisis.
El Informe Mundial sobre la Situación de la Agricultura y la Alimentación 2008, presentado recientemente por la FAO, nos advierte que la crisis de los alimentos, agravada por la crisis financiera internacional, puede prolongarse, no a 2015, sino hasta 2020. Por su parte, la CEPAL estimaba, antes de la semana que concluyó y en la cual la crisis global se agudizó más allá de lo que todos podíamos prever, que los efectos de ésta ya nos han situado en los niveles de pobreza que teníamos en el año 2000, es decir, caímos a los indicadores que motivaron el establecimiento de las Metas del Milenio y que, al paso que vamos, podrían descender a niveles aún más graves.
Una perspectiva de crecimiento cero exige sin duda el establecimiento de las medidas anunciadas, y de mucho más. Debería situarnos en la perspectiva de un pacto nacional para un nuevo modelo de desarrollo que nos permita abatir la desigualdad y reducir aceleradamente la pobreza.
No se puede asumir que podremos enfrentar lo que ya se perfila como una nueva forma de globalidad con una política económica, y mucho menos con una política social, que fue diseñada, paradójicamente, para enfrentar otra crisis, la de 1995, pero cuya naturaleza y alcances eran otros.
Hasta ahora se ha estado reaccionando a destiempo en las decisiones para modificar las estrategias y acciones del gobierno con el fin de enfrentar la crisis global por la que atravesamos. Y es tiempo de comenzar a reconocer que tiene tal magnitud que tal vez el proyecto inicial de esta administración no pueda realizarse. Si esto sucede así, lo que se requerirá es un nuevo pacto político que incluya a todas las visiones y voces éticamente representativas, a fin de construir un nuevo proyecto de país, para un nuevo contexto internacional cada vez más incierto, inestable y complejo.