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lunes, 1 de septiembre de 2008

Gilberto Rincón Gallardo

Mario Luis Fuentes
Lunes 1º de septiembre de 2008

In memoriam

Hablar de las cualidades de un amigo es relativamente sencillo; empero, cuando éste ha fallecido, la empresa se torna sumamente complicada porque, más allá de los afectos y de las apreciaciones subjetivas, la muerte sitúa a las imágenes en fantasmas que convocan a la valoración de las dimensiones que la persona fallecida logró construir a lo largo de la vida.

El deceso lamentable de Gilberto Rincón Gallardo constituye sin duda una pérdida que, sin caer en el lugar común, se suma a las ausencias irreparables en nuestro país.

Gilberto Rincón Gallardo fue en primer término un amigo generoso; respetuoso a más no poder en el trato; amable y hasta cariñoso en sus manifestaciones de afecto.

Fue asimismo un gran intelectual que le deja a nuestro país una obra que bien valdría compilar y hacerla accesible a todos aquellos a quienes pudiera interesar acercarse a una mirada comprensiva y ampliada sobre nuestra realidad contemporánea, al pasar por temas que van, desde nuestra consolidación democrática hasta los relacionados con agendas de nueva generación, siempre puestos en una perspectiva innovadora e inteligente.

Ahora que atravesamos por tiempos aciagos, en los que la incertidumbre es la nota de todos los días, siempre hará falta la lectura y el comentario de Gilberto, lectura atenta que nos lleva a percibir los hilos con los que se teje la complejidad de nuestra realidad cotidiana y, sobre todo, las manos que mueven los hilos de nuestro mundo.

Como político, Gilberto Rincón Gallardo le dio lo mejor de sí al país y sin duda ha sido uno de los activistas político-sociales más destacados en las últimas décadas. Preso político, militante del Partido Comunista, ligado siempre a las causas sociales; diputado federal y sin duda uno de los mejores candidatos presidenciales que, por su actuación en uno de los debates del año 2000, se convirtió en el que de mejor manera ha comunicado su plataforma; así lo demuestran las encuestas posteriores a aquel memorable debate.

Quienes tuvimos la oportunidad de conocer a Gilberto pudimos comprender en el “cara a cara” la dimensión de la congruencia entre el decir y el hacer. Gilberto no fue un hombre que buscara cargos, sino que asumía posiciones. De ahí la enorme relevancia y el peso de su actuación en la lucha por conseguir, en primer término, la aprobación de la reforma constitucional para incorporar el derecho a la no discriminación; así como su incansable lucha por conseguir el pleno cumplimiento de los derechos de las personas que viven con alguna discapacidad o necesidad especial.

Gilberto enfrentó y confrontó siempre a la adversidad y salió siempre victorioso, no porque haya conseguido triunfos en todos los casos, sino porque comprendió y asumió que la mayor victoria se encuentra en mantenerse en la línea de la congruencia y en el ejercicio pleno de la voluntad de obligarse a ser quien es. No tengo duda de que Gilberto, como pocos, lo consiguió a lo largo de sus 69 años de vida.

Asumir durante todos los años una actitud de congruencia; asumir que vale la pena luchar por los ideales y comprometerlo literalmente todo en aras de la defensa de lo que se asume como justo, no puede tener otro nombre más que el de la Integridad —con mayúscula— y esa virtud es la que acompañó siempre a Gilberto y lo hace ser uno de los referentes que no debimos perder.

México requiere líderes de la estatura de Rincón Gallardo y es de esperarse que, por la dimensión de sus aportaciones a nuestra democracia, se le rinda un homenaje nacional en reconocimiento a lo mucho que nos deja, no sólo en obra literaria, mediática y política, sino como un ejemplo de rectitud e integridad moral.

No es fácil asumir que un hombre de esta talla ya no estará más en las discusiones públicas ni en las batallas que hay que librar a favor de los más frágiles y vulnerables. Quizá la mejor manera de recordarlo y de rendirle homenaje sea precisamente la del compromiso con la rectitud y con una ética pública a prueba de todo. Ese es el legado, pero también el reto que nos deja Gilberto.

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